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lunes, 22 de septiembre de 2014

Llegó el día


Siempre me ha parecido que coger un avión es algo extraño, como un salto en el tiempo y el espacio. Cuando viajas en coche o en tren ves la distancia que recorres, pero cuando vuelas sí, pasas tus horas en la cabina, pero de pronto te encuentras en un lugar totalmente diferente al de partida y casi ni te has dado cuenta de cómo ha pasado. 
Salí de Barcelona sobre la 13.20 con 25º y llegué a Berlin a las 15.30 con 17º. Al menos no llovía (ni había tormenta, como decía la previsión). Un vuelo tranquilo, un par de veces nos dijeron que había turbulencias, pero sinceramente ni las noté. Leyendo Leviatán (el 2º capítulo es genial) y escuchando a Vetusta. Ah, por cierto al final no me miraron nada del equipaje de mano, creo que en vez de 10kg llevaba por lo menos 13 contando la maleta y la mochila 
Me esperaba el típico aeropuerto enorme, donde tienes que andar km hasta que sales a la calle, pero ¡qué va! era enanísimo. Todavía no eran las 16h cuando ya estaba en el taxi camino a Zehlendorf, el barrio donde vive mi familia de acogida. 
Otro de mis temores era el taxi. Mi idea inicial era coger un bus hasta el centro primero y así ahorrarme la pasta, pero viendo lo que pesa mi maleta grande, mejor no sufrir tanto. El taxista se sorprendió cuando le dije el barrio y entonces ya pensé que a lo mejor se aprovecharía y me daría más vueltas de la cuenta para cobrarme de más. Pero como no podía hacerle nada decidí relajarme y mirar el paisaje.
Lo primero que sorprende de Berlín es el verde. Berín es verde. Árboles, parques por todos lados. Pero parques que parecen bosques. No podía dejar de mirar por la ventana. Me hizo mucha gracia un coche antiguo estilo seiscientos de color verde pistacho que pasó a nuestro lado. El hombre que lo conducía era tan alto que casi tocaba el techo con la cabeza. Pasamos por debajo de algunos puentes de ladrillo rojo que me recordaron a Corre Lola, corre
También me hacía gracia que el taxista tenía que ponerse "las gafas del cerca" para programar el gps. Tenía la impresión de que conducía muy rápido, todos los coches la verdad, y entonces recordé que en Alemania no hay límite de velocidad.
Después de unos 20min me anunció que ya estábamos en la calle y ralentizó para poder ver los números de las casas. "Nummer eins", paró el coche delante de una casa enorme con un jardín enorme. 
Finalmente, para mi alivio, me costó menos de lo que había previsto y el hombre muy amable sacó las maletas y las llevó hasta la verja del jardín. De pocas palabras pero resultó ser honrado ¿o quizás soy una desconfiada?
Sea como sea, primera prueba superada. Pero ¿y la casa? ¿era allí de verdad dónde iba a quedarme?

domingo, 21 de septiembre de 2014

"el valor para marcharse, el miedo a llegar"

Solo quería dedicar unas líneas a eso inevitable que hay que hacer antes de la ansiada fecha: despedirse.
No he parado en toda la semana, más bien desde el viernes pasado, de despedirme. Casi cada día tenía que decir adiós a alguien y es una sensación muy extraña.
Por una parte porque es cuando empiezas a "hacer real" el viaje, a hacer oficial que te marchas. Pero por otra parte no te lo acabas de creer. Es lo que les dije a mis amigas el último día, ellas no se lo creían, pero yo tampoco. Porque no es lo mismo despedirte ante un tren o en el aeropuerto que en el sitio de siempre a la hora de siempre, porque parece que al día siguiente vas a estar ahí otra vez.
También tiene otra parte que también se me hacía rara pero que al final ha resultado ser de lo que más me ha gustado de estos días. Reencontrarte con gente que hacía tiempo que no veías. Vale que es un poco así decir, como ahora te vas te quiero despedir aunque haga meses que no quedemos. Pero en realidad ha resultado muy agradable, simplemente porque lo has hecho y antes no lo hacías. Me explico. Esos "ya quedaremos", "ya nos veremos" se hacen realidad porque es o quedamos esta semana o ya no sé cuando nos veremos. 
En definitiva ha sido una semana bastante intensa, no solo por los preparativos para el viaje, sino porque casi cada día he quedado con gente que quiero y no pretendo ponerme sentimental, pero sienta bien ver cómo la gente se preocupa por ti y saber que te van a echar de menos es lo mejor que te puedes llevar, porque es lo que me da la fuerza para saber que estos meses van a ser geniales. Porque en casa me están apoyando y esperando con los brazos abiertos el día que regrese. 

      

sábado, 20 de septiembre de 2014

Al borde de un ataque de nervios o de cómo preparar el equipaje

Mañana a esta hora ya estaré en la capital alemana. Ahorraos el chiste de "saluda a la Merkel de mi parte" porque ya me lo han dicho bastantes veces (original, la gente). 
Pues hace una semana empecé con las despedidas (creo que dedicaré a esto un post a parte) y acabé freaking out  me puse un poco nerviosa y me dio por sacar la maleta y toooooda la ropa de invierno que tenía en el armario.



Los que habéis estado en mi casa sabéis que mi habitación es enana y como todas las cajas de ropa se guardan en el armario de la habitación de mi hermana, allí dejé todas las cajas y amontoné las dos maletas + la ropa en el estudio/biblioteca. 

Vale, acepto que quizás me pasé de previsora (ya he recibido las suficientes bromas, gracias). Pero he de decir que empecé a hacer la maleta de verdad el miércoles y eso no ha sido exagerado, porque la de veces que tienes que cambiar las cosas de sitio y decidir qué dejar y qué añadir lleva su tiempo. 

Pero más que más que dar consejos (que de eso hay mucho en la red), prefiero ilustrar las fases por las que he pasado ante esta pesadilla:





  1. Aceptar que no te vas al fin del mundo. Estuve a punto de ponerme a comprar cremas y potingues como si me fuera al polo norte hasta que una vocecita interior me dijo "en Alemania también hay supermercados y farmacias". 
  2. Buscar ayuda. Después de preguntarle a San Google, he extraído dos conclusiones de los numerosos tutoriales de youtube y consejos de blogeros: enrollar y envasar al vacío. Estas dos técnicas me han facilitado bastante las cosas. Enrollar las camisetas lo voy a hacer de ahora en adelante para todos los viajes, porque además de ahorrar espacio y no arrugarse tanto la ropa, a la hora de sacar cosas de la maleta también permite no tener que hacer lo típico de estirar de la camiseta que quieres (que siempre acaba al fondo de todo) y arrugar todo el resto de ropa que había encima. Envasar al vacío va especialmente bien con cosas que tengan mucho volumen, en este caso mi abrigo (comprado especialmente para soportar las bajas temperaturas berlinesas) que me ocupaba prácticamente media maleta. 
  3. Creer que lo tienes todo controlado. Llegados a este punto te embarga el optimismo porque parece que cierra la maleta y además te sobra peso del máximo que te pone la aerolínea. Y esas "cosillas" de última hora, ya las irás metiendo porque no molestan.
  4. Caer en la desesperación. Pues resulta que cuando has ido a ponerte con esas "cosillas", no eran tan pequeñas como pensabas (un secador de viaje, un par de toallas, un bolso...) y de pronto parece que todo lo que habías conseguido no ha servido de nada. Claro, en los tutoriales parece todo perfecto y maravilloso, pero la gente suele explicar qué llevar a viajes cortos, no para 3 meses (cuento que volveré en Navidad) a un sitio donde hace un frío de muerte. Así que solo queda
  5. Resignarse. La maleta ya no parece tan grande como al principio y llega el momento en el que tienes que dejar bastantes de las cosas que pensabas llevarte. Habrá que acostumbrarse a repetir más de ropa (dedico a Salut este punto, por recordarme que en Alemania no hay que ir a lavar al río, sino que tienen lavadoras). Pero, eh, creo que no va a estar tan mal. Porque si te paras a pensar quizás este jersey ya no te lo pones tanto, esta camiseta ya te aburre... pues mi hermana encantada de que le deje ropa y yo de poder ir de tiendas en Berlin.
  6. Cerrar la maleta. Solo voy a decir que mi hermana se ha sentado encima mientras mis padres y yo apretábamos los cierres. Tengo miedo de abrirla por si sale todo volando.
Así que finalmente me voy con una maleta grande, una de mano y una mochila, con el miedo de que Vueling me hunda en la miseria me ponga pegas.

Y si esto os ha aburrido u os da palo leerlo, así se resume mejor: